El lema “Familia” nos invita a volver al diseño original de Dios y a reconocer que la familia sigue siendo el primer espacio donde se vive, se aprende y se transmite la fe. En Josué 24:15 encontramos una declaración firme y valiente: “Yo y mi casa serviremos a Jehová”. No es solo una frase devocional, sino una decisión espiritual tomada en medio de un contexto de tensiones, influencias externas y alternativas que competían por el corazón del pueblo.
Josué entiende que la fe no puede quedarse en lo individual ni limitarse al ámbito público; debe comenzar en casa. La familia es el primer altar, el primer discipulado y la primera escuela de valores. Cuando una familia decide servir al Señor, no está afirmando perfección, sino compromiso. Servir a Jehová implica orientar el hogar hacia la obediencia, la enseñanza, el perdón, la oración y el testimonio cotidiano.
En tiempos donde la familia es desafiada y fragmentada, este lema nos recuerda que Dios sigue obrando a través de hogares que, con sus luchas y procesos, deciden caminar bajo Su señorío. Que este año sea una oportunidad para reafirmar, como iglesia y como familias, que nuestra casa pertenece al Señor y que juntos elegimos servirle con fidelidad.